Alpha's Manifesto

La madriguera de una insignificante figurita blanquinegra.

Perdidos

Viernes 16 de Diciembre de 2011, 5:32 AM

Recuerdo que estábamos visitando el pueblo junto con mis padres, que estaban a su vez de visita en este lugar en donde yo vivo. Cuando me refiero a nosotros, pienso en mi y mi novia, que hace tiempo ya vivimos en este lugar juntos.

En este lugar rara vez llueve, aunque en este caso, hacía más de cuatro días en done no ha dejado de llover. Esto no era un impedimento, ya que el medio de transporte mas común eran los automóviles, que, yo fanfarroneaba, nos hacían desocuparnos de la lluvia. Viajar en auto durante la lluvia era una experiencia repetitiva, con sus pequeños placeres. El estar dentro y no mojarse ni un poco era uno de los beneficios obvios. La temperatura justa que nos protegía del frío (o del calor) era otro privilegio del que disfrutábamos. Por último, la fácil movilidad acompañada de los alegres comentarios de esos personajes invisibles que eran los locutores de radio hacia que uno nunca se sintiera sólo o perdido.

Esta ocasión iba a ser otra de esos incontables viajes de comodidad, aunque mi intranquilidades comenzó al momento de entrar al automóvil. Tras haberlo hecho, yo detrás del asiento del conductor, al lado de mi novia y mi madre en el asiento del copiloto, algo había pasado que dejo a mi padre hipnotizado, afuera. Esperando, mirando al infinito, sin razón aparente, por algo que probablemente nunca vendría. Solo se había quedado ahí, petrificado, sin contestar a nuestras preguntas o gritos.

Al mismo tiempo, nuestro propio peso hizo que el auto comenzara a deslizarse hacia atrás. Parecía estar suelto, pero mi primera reacción fue verificar la posición del freno de mano. Se encontraba en la posición correcta, lo que me preocupaba aun mas. Obviamente, algo estaba muy mal.

Recordé que pronto pensábamos hacer un viaje con ese auto. Mi madre puso en palabras lo mismo que pasaba por mi mente:

— Con el auto en este estado, ni piensen que van a salir de viaje.

Me subí al asiento del conductor, comenzando a aplicar los frenos. Un canguro apareció delante nuestro, con mirada desafiante, y lentamente iba hacia nosotros. Aparentemente, el movimiento hacia atrás reflejó en sus instintos la necesidad de perseguirnos y atacarnos, con lo cual ya no estaba seguro de querer detener el movimiento. Por otro lado, no podía dejarlo caer en descontrol.

Aumentando mi paranoia hasta un límite indeseable, la radio solo emitía unas palabras, preocupadas, entremezcladas en la estática de una transmisión perdida:

— Hola… Hola… Esto no es una prueba… Por favor… Si la estación mas cercana puede escucharnos, por favor, responda. ¿Hola? ¿Hola?…

Las palabras me hicieron sentir profundamente desolado. Si una radio pública se encontraba perdida, ¿en dónde estábamos nosotros? ¿Qué había ocurrido?

Maniobrando mientras caíamos hacia atrás logre esquivar al canguro que nos perseguía. En una maniobra violenta y brusca escuché como cayó debajo del auto, y lo vi desaparecer por unos segundos. Alejándonos más, pude verlo con una pata rota, literalmente quebrada en medio, y mirándola, como si pensara en qué hacer. Algo me decía que podía soportar el dolor pero no le gustaría nada el estado en que lo dejamos..

Estática.

— ¿Hola? ¿Hola? Por favor, debe haber alguien ahí…

5000 DC

Sábado 26 de Noviembre de 2011, 5.37 AM

Gané consciencia de la nada. No estaba seguro en donde estaba pero por alguna razón, sabía que estaba en el tiempo más allá del año 5000. No me sorprende demasiado, no sería la primera vez que alguna de las invenciones del profesor Fansworth me envían a pasear a distintas épocas. Pero en este momento, mis fuerzas tenían que concentrarse en saber cómo podía volver a mi vida normal.

No tardé mucho en encontrar a Leela, lo cual era una sorpresa. ¿Cómo era posible que ella siguiera viva luego de dos mil años? O quizá ella también había sido transportada desde el año 3000. Quise preguntárselo pero su preocupación me detuvo. Realmente estaba consternada por algo.

Apuntaba con su mano hacia una escalera contra una pared. La escalera era gris y parecía una extensión de la pared misma, como si parte de la humedad hubiera adquirido posición horizontal para ser caminable en forma de rampa. No hice más preguntas y me acerqué a ella. La escalera me tragó con una fuerza extraña, y me encontré ante un gran pasillo, con Leela a mi lado.

El pasillo tenia a cada lado dos habitaciones. Podía verlas porque no tenían paredes, y su altitud era inconmensurable. Estaban iluminadas con fuertes luces amarillas, y parecían cubiertas de plantas en cada centímetro.

Comenzamos a caminar por el pasillo central.

Por cada cuarto que recorríamos, Leela me explicaba como el gran Ser de la Planta era benefactor para nuestro mundo y para nosotros. Ya había escuchado de los ecologistas y los vegetarianos, pero esto era ridículo. Hablaba de las plantas como si fueran, realmente, dioses. Ya no parecía la Leela de siempre. No la que yo conocía. No de la que yo me enamoré.

Parecería que mi cuestionamiento mental fuera escuchado por las plantas, porque sin tardar me enredaron con sus ramas y me llevaron por la tierra hacia sus raíces. Tras la tierra había más habitaciones, subterráneas, vacías y oscuras. Me depositaron suavemente en una con una tenue luz azulada desde el techo, y se alejaron.

Miré hacia la luz y la reconocí rápidamente. Era nuestro planeta Tierra, o, mejor dicho, una simulación del mismo. No se movía, sino que tenía una estela de luz azul en forma de cono que se extendía hasta apagarse, no muy lejos.

No tuve tiempo de preguntármelo siquiera y la respuesta vino telepáticamente a mi. Ese planeta era el presente que conocí, y esa estela de luz era el futuro que nunca existió. La raza humana había logrado la propia aniquilación no muchos siglos más tarde, pero una nueva copia del planeta más adelante representaba la obra de las plantas. Ellas lo habían reconstruido completo y habían tomado control de todos y cada uno de los habitantes en ella para la felicidad y la prosperidad de la raza.

Algo se sentía mal, pero al mismo tiempo parecería que ni había otra opción. Ellas eran realmente nuestros salvadores, podría pensarse que en cierta forma sí les pertenecemos. ¿Qué éramos, entonces, nosotros?

Legado oscuro

Jueves 10 de noviembre de 2011, 7:04am

Me encontré hambriento, un hambre que no se saciaba con comida, puesto que mi cuerpo había dejado de necesitarla mucho tiempo atrás, tiempo en el que ya desconocía la vida y los días de los mortales. Tiempo en el que ya tiempo no significaba nada para mí. Mi hambre se saciaba con maldiciones y legados, alimento vivo de los espíritus. Me propuse entones recobrar el legado que había sido robado de mí, embarcarme en una misión para recuperar lo que realmente me pertenecía.

Tras vagar en mi reino de hielo, ese lugar no físico en donde solo el gato de la familia me miraba con curiosidad (nunca llegando a comprenderme), me alcé sobre las paredes frías haciendo a las escaleras inservibles. Esas escaleras eran un símbolo, no una herramienta. Eran un símbolo de pureza, de estabilidad y de crecimiento controlado. Eran la parte mas fría de todo mi mundo, pero la que menos era usada, porque mi movilidad ya no era dirigida por piernas. Eran esas escaleras que me pertenecían, pero que no eran para mí.

Sobre la puerta hacia el mundo terrenal, cerrada herméticamente con rituales sin nombre, yo había guardado mi trampa. Un escondite para que nadie encontrara mi secreto, en un mundo donde nadie había para conocerlo más que yo. Había dejado allí una jeringa, desnuda de todo, excepto su aguja. Ella mudaba su forma según quien la mirara y con cuáles intenciones. Cuando yo me acerqué queriendo escapar de mi propio reinado tomó la forma de una cabeza de pluma fuente, sin perder su filo sobrenatural. La removí del celofán transparente que la recubría, rompiéndolo en el proceso, y mi puerta se abrió. Quise dejar la pluma en su lugar, pero tras la ruptura de su fino envoltorio, sus capacidades quedarían disminuidas para siempre. No había nada que yo pudiera hacer. Al menos no ahora.

Me deslicé por la puerta dejándola entreabierta, cazando desde el techo, y final encontré a mi presa. Mis hermanos, uno de nacionalidad francesa y uno de la nacionalidad inglesa se habían reunido, en el momento perfecto para que yo llevara a cabo mis planes.

Esperé lo suficiente para que la inquietud naciera entre ellos y las naciones se interpusieran a la hermandad. Se encontraron discutiendo representando a sus países, haciendo más evidentes sus diferencias que sus similitudes. Si solo supieran que en realidad tales cosas no existen, y que no hay países en el mundo verdadero. Qué sinsentido eran sus argumentos, qué frágiles eran sus sueños y aspiraciones. Palabras de gran significado como libertad, futuro, esperanza… significaban nada ante la cara de la muerte. Sueños de grandeza y misiones de eternidad se volvían inútiles cuando uno cerraba los ojos en soledad, en verdadera soledad.

La sangre del odio comenzó a brotar desde dentro de las tierras del hielo, pero yo no podía hacer nada con ella hasta que ellos la materializaran. Y para eso, yo necesitaba evidenciarla para que la desearan. Bailé a su alrededor, seduciendolá para seguirme, proponiendolé la tentación de los mortales, algo que a la sangre oscura le apetecía muchísimo. Comenzó a brotar en mi dirección y me acerque a ellos, sin dejar de salir de las entrañas de columnas frías y estalagmitas.

Los hermanos se encontraron interrumpidos en su discusión, sin saber por qué, pero sabiendo que ahora deseaban algo más, algo nuevo. Algo que los consumía por dentro y los despojaba de toda conciencia. Su meta era ahora beber de una fuente de algo superior a ellos. Deseaban la sangre.

Corrieron hacia ella entrando a mi mundo y tomando entre manos el liquido espeso y negro que se deslizaba hacia ellos. Por mi cualidad de inmaterial, yo veía su recorrido hasta que se tornaba real, y era el punto inmediatamente anterior en donde yo intervendría. Me abalancé y la guíe hacia las altitudes de mi palacio blanco, ahora en la materialidad estaba bajo mi control, aunque todavía atraída por el deseo de los mortales.

Flotando a su alrededor, convertí litros de densidad sanguínea oscura en una calavera, que me recordaba a la anatomía animal, cuando los huesos de los animales parecían ser tristes con nostalgia de su vida pasada.

Mi hambre se incrementó. Perdí control de mi, y me lancé a ella, sabiendo que ahora me escaparía, y los humanos harían lo posible por obtener ese legado de sangre (familiar?) hecho furia, hecho odio y nacido de la magia.

Llegaron a tocarlo y fueron felices, solo durante el segundo que no estuve ahí para quitarlo de su alcance. Cuando lo hice la desdicha volvió a apresarlos, mientras yo seguía cazando el cráneo maldito desde múltiples direcciones. Lo hice volver a trepar mis escaleras, lo hice tan denso y material que ya no escaparía por los retículos de la creación, solo podría quedarse ahí, y observarme a mí, su cazador, con la tristeza de un animal atrapado. Abrí mi boca, y mi ser con ella, para atraparlo completamente y deshacerlo en mi. Su maldición ya no existía de forma material, y sin embargo era mas real que nunca, real de una forma no tangible, de la misma forma que yo.

¿Qué pasaría con los hermanos? Ellos seguirían ciegos por la búsqueda de su legado y perseguidos por el odio que ellos mismos generaron. No puedo afirmar que me sentiría mal por ellos: realmente no lo haría. Eran otro par destruido en el mundo en donde todos los pares eran destruidos. No me sentía culpable, y ya solo esperaba que se alejaran en descreencia para dejarme descansar otra eternidad, solo.

Perdido en la oscuridad

11 de Febrero de 2011 2:24am

Me desperté confundido, no sabía en donde estaba. Suele pasarme cuando me despierto, pero estaba tomándome más de lo normal recobrar la memoria y ubicarme en tiempo y espacio. Tiempo, no lo sabía. Espacio, incierto, pero sabía que estaba lejos de cualquier lugar que pudiera llamar casa, y que al menos estaba acompañado.

A mi izquierda dormía mi novia, parecía ya estar despierta, y le pedí por favor que encendiera las luces. Se levantó de la cama para encender una de ellas pero no tuvo suerte. Parecía que esa luz estaría fallando, y tras varios intentos, esa fue la conclusión. Yo salí de mi quietud nerviosa y me volteé para intentar encender otra. Sólo hizo un destello y con el destello, la luz se fue, sin que yo pudiera reconocer una sola figura. Más nervioso me puse todavía, la oscuridad no quería irse, y yo apenas sabía en dónde estaba.

Intentamos hacer luz reactivando el televisor, que sólo se hacía presente por su sonido de estática de bajo volumen. Muy seguramente, a modo de computadora, había hecho negra su pantalla por la falta de uso (muy seguramente nos habríamos dormido mirándolo), y sólo era cuestión de darle algún comando como para que la imagen iluminara la habitación. Mi novia preionó el botón de encendido, apagándolo. Pero el encendido ya no volvió a ocurrir.

La deducción era obvia: por alguna razón, estábamos afrontando un corte de electricidad, aunque el televisor lo contradijera. Entonces simplemente sería mala suerte y una falla general de las luces, pero ya comenzaba a sonar sospechoso, y sobre el hecho de no saber en dónde me encuentraba, los espacios para especulación pueden ser algo peligrosos.

Mi novia se alejó un poco más del lado derecho del cuarto, la perdí de vista por un momento y ví que volvió con una vela. En ese momento imágenes vinieron a mi mente, como si recordara muy vívidamente una idea, pero sin dejarla de ver a ella en ningún momento. Mientras ella caminaba hacia mi izquierda con esa vela, ví el fuego, mucho fuego. Fuego sobre pasto verde, fuego sobre pasto amarillo, creciendo. No se consumía, pero todo se quemaba, no había un solo lugar en donde no hubiera fuego. Pastos, bosques, árboles… todo se quemaba.

No podía contarlo, me tomaría como loco, sería seguramente producto del nerviosismo, o de un sueño anterior confuso. La luz aclararía mis ideas.

Ella encendió la vela y con eso vi una ventana del lado izquierdo del cuarto. Asomé la cabeza y vi el pasto que rodeaba la cabaña, con nuestro auto junto con otros estacionado inmóvil. Ese era el pasto que yo había visto quemándose. Me asusté más todavía. Ahora sólo sabía que estaba en algún lugar fuera de casa, algún lugar en donde estaríamos temporalmente, pero todavía no sabía dónde ni por qué.

Me agité mucho, asustado, y comencé a dar bocanadas de aire intentando tranquilizarme.

Creo que en algún momento desperté, no ví nada excepto oscuridad, y luego desperté de ese despertar.

Ahora me encuentro escribiendo este texto, esperando que volverlo a ver en el futuro me asegure que este no fue un sueño más, ya que todavía me encuentro desubicado. Me encuentro lejos de cualquier lugar que pueda llamar casa, y frente a mi está el televisor, a mi derecha la cocina y el baño, mis luces que no encenderán, a mi izquierda mi novia y a su izquierda una luz encendida. Más a la izquierda una ventana con su coche esperando inmóvil y el patio de pasto corto que rodea este hotel.

Lo peor, todavía siento que es un sueño, porque ya todo lo soñé.

Enemigos inocentes

13 de enero 2011 8:20pm

Me encontraba tirado en la calle. No tirado en el sentido de abandonado o de en una posición lastimosa, sino sentado y relajado contra una pared de un edificio. Recuerdo que hacía calor, y que de alguna forma el frío de la pared me resultaba muy agradable.

Allí yo estaba manteniendo una conversación con mi novia y una amiga suya. Yo me encontraba vestido con una camiseta blanca y una camisa negra sobre ella, y ellas ambas tenían puestos pantalones de color de camuflaje militar, y mi novia además tenía puesta una gorra con los mismos colores, ambas tenían camisas blancas, aunque no eran del mismo estilo ni tela.

Mientras continúo la conversación amena, me percato de que a nuestro frente estaban unos soldados, que aparentemente tenían procedencia americana, y probablemente los relaciono con las personas de seguridad que están siempre presentes en la Embajada de Estados Unidos en Argentina. Dichas personas se encontraban muy firmemente paradas, vestidas con gorras pequeñas azules oscuras y pantalones azules. A la vez, poseían chalecos antibalas sobre camisas blancas, también de color azul oscuro. Se encontraban armadas con rifles, y aunque no soy un fanático de las armas, sí detecté que se trata de algún rifle de medio alcance, y de disparo automático o semi automático. Eso me sorprendió, no creí que hubiera tanto peligro por la zona como para estar tan fuertemente armados. Seguramente algo estaría pasando, y ese algo requería de mucha seguridad adicional. Intenté no pensar en eso y simplemente ser natural. De la forma en que lo pienso generalmente: yo no molesto a nadie, no van a tener razones para molestarme a mí.

Ví entonces a otros soldados que se alejaban de donde estaban estos primeros, pero estaban vestidos de forma distinta. Estos tenían chalecos, gorras y pantalones completamente color verde-camuflaje, a la vez que también se encontraban armados con rifles parecidos. Se alejaban lentamente, no parecía haber algún problema, pero en el detalle de la ropa, ví como uno de ellos apoyaba su rifle hacia atrás, dejándolo descansar sobre su hombro, y el cañón del rifle apuntando hacia los soldados.

Me alerté: claramente un profesional de las armas sabe que no es ni precavido ni tranquilizante para la gente el disponer de un arma en posiciones tan simples. Seguí mirando con atención.

El horror me llenó cuando vi como en esa posición, y todavía alejándose lentamente, ponía su dedo sobre el gatillo. Entonces entendí: la pose y el caminar tranquilos solo se trataba de una trampa, y de alguna forma querían asesinar a los soldados que se encontraban cerca nuestro. La razón era desconocida para mí, pero fuera lo que fuera yo sabía que ibamos a estar en la línea directa de fuego.

Interrumpí sin más la conversación y nos indiqué que teníamos que salir de ahí.

- “Vamos, vamos, fuera, fuera, fuera, fuera…”

Hice gestos con las manos y rápidamente estábamos los tres en una especie de espacio perdido entre edificios. Eran espacios simples, techados, donde lograba entrar la luz del día pero no había más que cañerías, maderas viejas, suelo con la tierra expuesta, y alguna que otra basura. Parecía que ni los vagabundos visitaban muy frecuentemente ese lugar. Las paredes parecían muy finas, y de alguna forma inexplicable, yo sabía que la calle se encontraba tras ellas ahora.

Escuchabamos disparos, gritos, que rápidamente iban aumentando en cantidad, y pronto las calles parecían un infierno, una guerra.

La explicación vino a mí entonces, en ese tiempo las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba habían llegado a un punto insostenible, y siempre se corrió el rumor de que una guerra comenzaría, no se sabía cuando, ni como. Imaginé que este no sería el inicio, pero sí probablemente sería parte de una estrategia para ataques sorpresa, que le permitiría a la dictadura cubana cierta ventaja sobre la superioridad bélica de los Estados Unidos.

Pero nosotros tres no queríamos tener nada que ver con todo esto. Por supuesto, no sólo no podíamos arriesgarnos a ser víctimas del fuego cruzado, sino que nuestros atuendos nos hacían participar de cada uno de los bandos. El color de mi ropa me hacía estadounidense, mientras que los colores de mis acompañantes hacía verlas cubanas. Por supuesto, siempre podríamos explicar que no sabemos nada de lo que está pasando y que no tenemos nada que ver… ¿pero nos creerían? En medio de semejante ataque sorpresa. Lo más probable es que no, o que de todos modos sufriéramos un par de semanas en interrogatorios abusivos. Ciertamente, no era lo que queríamos.

Este sitio pequeño tenía algunas secciones en las paredes que parecían ser ventanas, pero se encontraban tapadas por papel. Del otro lado desfilaban figuras de rostros, ahora todos con gorra, y a lo lejos por una salida yo podía ver las botas y los pantalones camuflados. Cada persona que pasaba por estas ventanas dejaba su queja personal, como si se desahogaran sin saber que había alguien adentro.

Pasó un hombre:

- “Los aplastaremos.”

Continuó su camino y pasó una mujer, llorando desconsolada:

- “Nunca podré perdonarles lo que me hicieron.”

Continuó su camino y pasó otro hombre, más bajo que el primero:

- “Puercos.”

Nuestro nerviosismo sólo iba en aumento, y sabíamos que saliéramos como saliéramos, no íbamos a ser bien recibidos a menos que pudiéramos mezclarnos entre ellos para luego escapar. Parecía que el ejército cubano eran los que llevaban la ventaja ahora.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por un chistido de alguien que quería llamar nuestra atención desde el extremo opuesto al que habíamos entrado. Me asusté profundamente, pensando en que nos habrían descubierto y que pronto seríamos todos cadáveres. Por suerte rápidamente pude reconocer el rostro, y se trataba de mi padre, que estaba vestido con un sweater polar completamente rojo y vistoso. Me hizo sentido que no hubiera tenido problemas, ya que además de evidenciarse que era un civil no relacionado, sus colores parecían avalar el comunismo. Según sus señas, comprendí que había encontrado un lugar seguro, y que tendríamos que salir de ahí.

Mis compañeras podrían salir, pero yo no, pasaría como alguien del ejército enemigo. Me hice a un lado para dejarlas pasar, y vi en sus rostros el interrogante de por qué. Pensé que no se harían esperar las preguntas, mi respuesta, las negaciones y la compasión y buena voluntad que tenían de no dejarme atrás, pero la situación era delicada y yo no quería arriesgar a ninguna de ellas, ni quería perder el tiempo para siquiera explicarlo. No sabía como hacer como para que lo entendieran y emprendieran su camino, y para ser sincero, no sabía tampoco qué haría yo después; sólo pensaba “Algo se me ocurrirá”.

Desperté. Todavía nervioso, paranoico, y culpable por una guerra en la que no participé y aún así soy culpable.

Cielo plano y gris

30 de septiembre 2010 3:30am

Yo estaba viviendo junto con mi familia en la terraza de un edificio muy similar al de la casa de mi abuelo paterno en la ciudad de Santa Fe; el día se encontraba gris y completamente nublado, y las luces eran tenues. Hacía frío, por lo que mi madre le encargo a mi padre que cortara parte de un tronco de varias raíces de árboles que teníamos allí, como si alguna vez hubieran habido arboles completos. De esa forma tendríamos leña para calentarnos.

Eran troncos muy grandes, como de árboles viejos, pero ya no se extendían a más de un metro y medio del piso. Mi madre entonces le dio un hacha de mano a mi padre para que comenzara el trabajo, era un hacha pequeña y cabía perfectamente en la mano si no fuera por el mango. Yo vi que el dio un par de golpes en el tronco del árbol y como la madera se desprendía fácilmente, por lo que me ofrecí a hacer el trabajo. Tomé el hacha en mi mano y comence a dar unos golpes.

Fácilmente me distraje al ver un avión lejano cruzar el cielo. Pronto ví que iba seguido de dos más y luego otro… Los aviones seguían apareciendo, avanzando juntos de a uno, de a dos o de a tres en formación. Esto era inusual, por lo que me los quedé viendo, pensando sobre qué podria tratarse aquello.

Vi como, al mismo tiempo, de todos los aviones comenzaban a desprenderse pequeños objetos que caían libremente, y escuché explosiones a lo lejos. Deduje entonces que estábamos siendo atacados y que nuestro país se encontraba en guerra. Por un pequeño momento nos quedamos atónitos mirando el cielo, como si esperáramos que no fuera real.

Decidimos ir a una especie de refugio que teníamos debajo de esta casa, tras bajar un piso nos encontrábamos en él. Lucía como un piso del edificio de mi abuelo materno. En el lugar en donde actualmente está el ascensor había una pequeña sala, de color amarillo apagado, en donde podríamos comer y vivir. En el resto del espacio disponible, recubierto de lozas rojo oscuro, se encontraba todo abarcado por una escalera de caracol que estaba clausurada para poder bajar y hacia arriba unicamente llegaba al techo. Había una pequeña ventana esmerilada contra un costado que daba luz blanca pero no lograba verse nada hacia afuera.

En el resto del sueño escuchaba a mis padres discutir, pero ya no tenian su forma física y no discutían como realmente agrediéndose, sino como si se tratara de un show cómico infantil.

Yo volví a recordar los aviones, deducía que no estaríamos muy a salvo si callera una bomba cerca, recordaba el curso por donde pasaban los atacantes y parecía que estábamos en la trayectoria. Todavia tenia en mi mente la imagen del cielo plano y gris y la figura de los aviones a lo lejos, tan inalcanzables y peligrosos.

Sueño 02/03/2007 – Peatonal musical

En mi sueño yo estaba en un auto, acompañado de una muchacha muy amiga mía, a la cual no veo desde hace mucho tiempo y se encuentra actualmente casada y viviendo lejos de donde yo lo hago. Esta chica en el sueño era mi novia, y simplemente estábamos compartiendo un paseo. El auto era una especie de descapotable, y de tamaño bastante chico comparado a lo que son los autos, incluso a los de la actualidad.
Su propio padre conducía el vehículo, y nosotros íbamos sentados en la parte trasera del auto, mirando los alrededores, hablando pavadas y riéndonos. Entre risas y demás, esta chica me dice que si hubiera sabido cómo realmente era yo, se habría arrepentido de no haber tenido una relación amorosa conmigo antes. (Ya sé que semánticamente no es del todo correcta la frase, pero así fue en el sueño. De todos modos se entiende.)

Llegamos a lo que sería el centro de la ciudad, el lugar más comercial. La calle era una peatonal, pero bastante más ancha de lo que suele ser una calle normal. Por alguna razón me recuerda a lo que era calle Córdoba en la ciudad de Rosario (si es esa calle donde comienza la peatonal, si no lo es, me confundí el nombre con otra). Yo estaba sobre la calle que la corta antes de comenzar a ser peatonal, y de ahí podía ver gran parte de esta, junto con la puerta de un gran negocio o lugar, del cual podía entrar o salir libremente gente. Dentro del lugar ese solo veía el negro de la sombra, y nada por dentro, por una cuestión de perspectiva.

Yo estaba esperando un colectivo, este debería venir por la peatonal (sí, ya lo sé, pero es un sueño), y yo me lo tomaría para seguir camino. Para no aburrime mientras esperaba, utilicé un parlante que estaba alrededor de unos 3 metros de distancia de la puerta que describí antes. Este parlante parecía ser uno de esos amplificadores para guitarras. Le enchufé un reproductor mp3 que me perteneció, más específicamente un Creative Rhomba, de 128 MBs, con música que yo tenía cargada en él. Lo encendí y comenzó a sonar en toda la calle “Der Mitternachtslöwe”, de Therion, aunque yo en el sueño estaba convencido de que el tema era “Via Nocturna”.

Creative Rhomba, de Creative Labs

Mientras el tema sonaba, yo revisaba que nadie pasase demasiado cerca, porque el reproductor de mp3 se encontraba tirado en la calle, y cualquiera podría robármelo sin mucho esfuerzo. A la vez que verificaba eso, pensaba en cómo podría yo recuperarlo luego cuando tuviera que irme, puesto que el ir a buscarlo y levantarlo del suelo interrumpiendo la música podría parecerle a todo el mundo que yo mismo lo estaría robando, y por tanto yo tenía que poder demostrar de alguna manera que me pertenecía.

De pronto siento algo detrás mío, y al darme vuelta la veo a ella, escondiéndose a mis espaldas. Como si se estuviera protegiendo de algo. Le pregunto qué le ocurre y me responde que tenía miedo.

Como si yo ya supiera a qué se refiriera (de hecho, en el sueño lo sabía), le respondí que no se preocupara, porque yo ya estaba desarrollando una manera para poder volar (sí, sí, leyeron bien) y que ya lo había estado probando con Stella (personaje de la película Over the Hedge), que de hecho era lo mismo que ella [Stella] estaba utilizando para sus espectáculos.

Stella, de Over the Hedge

Y a pesar de que en el pasado habían ocurrido accidentes con techos vidreados, yo ya había conseguido una manera de poder evitarlos y entonces todo estaría bien.

Rápidamente me desperté con la esperanza de que este viernes fuera un día corto. Según pudieron ver no estaba muy apto mentalmente para el resto del día. xD

Soy un zorrinito flashero.

Sueño 28/02/07 – Dolor de espalda

Me levanto temprano a la mañana, sorprendentemente ya era de día, pero eran de los primeros rayos del sol los que iluminaban la habitación desde mi ventana. Me levanto y mientras me cambio de ropa para asistir a la universidad (en el sueño yo asistía durante la mañana a la universidad) siento un extenso dolor a lo largo de mi espalda. Mientras termino de cambiarme hablo por teléfono con mi novia, con un extraño teléfono amarillo inalámbrico, bastante pesado. Una cosa curiosa es que yo no dispongo de tanta habilidad para manejar un teléfono, y cambiarme de ropa al mismo tiempo. xD

Ya casi terminando la conversación, le comento de este extraño e intenso dolor de espalda, a lo que ella me recomienda pasarme por su casa en mi camino a la universidad (puesto que quedaba entre ellas) porque su padre conocía una técnica especial de masaje, o tenía un producto en particular (no recuerdo con exactitud) que muy seguramente me haría bien y solucionaría mi problema.

Finalmente listo para salir, me cargo una mochila con todos mis elementos (lo cual no aliviaba para nada el dolor de espalda) y voy en camino. Llego a la casa de mi novia, me encuentro con una casa grande con un frente amplio también, con un jardín. La casa tenía un estilo un tanto rústico, parecía hecha de madera oscura, y un techo a dos aguas. El jardón habrá tenido unos 10 metros de frente, con un caminito de piedra lisa en medio del césped verde oscuro bien cuidado que guíaba desde la entrada hasta la entrada de la reja, y este pasto terminaba del lado izquierdo, en donde había un espacio que en el fondo servía para garage. Es decir, había un garage, pero había espacio para otro auto más, a la intemperie.

Abrí la reja principal y cuando ya estaba llegando a la puerta de entrada, me abrieron y me recibieron. Para mi sorpresa, no sólo estaban mi novia y su familia, sino varios amigos que teníamos en común. Con alegría los saludé, y me contaron entre todos que estaban terminando de ordenar algunas cosas… algo estaban preparando, no sé exactamente qué. En el sueño tampoco lo sabía, pero sabía que podía ayudarlos con “eso”, de modo que ofrecí mi ayuda y siendo esta aceptada, nos pusimos a terminar “eso”.

Dicha actividad también agravó un poco mi dolor de espalda. Cuando terminamos, lo cual fue alrededor de una hora o un poco más después, estos amigos se fueron, y me quedé con mi novia y su familia. Le recordé el tema de mi dolor y ella llamó a su padre y le contó de la situación. El padre en seguida se dio cuenta de lo que tenía que hacer, y fue a buscar sus “elementos”. Volvió con una bolsa de papel madera (dato curioso: hace años que no veo una), y una pomada, la cual procede a colocarme por toda la espalda. Me dice que en algunas horas me hará efecto.

Le agradezco y él se va, dejándome con mi novia. Ella me abraza y yo reviso mi planilla de horarios para ver cómo podía organizar mi ida a la universidad, puesto que ya habría perdido algunas clases. Efectivamente, había perdido dos clases, y quedaban muchas horas para la próxima (es decir, continuaba esa misma clase, pero ir a la mitad ya sería perderlas). Por un lado no me preocupó, dado que este era el primer día y por tanto no habría nada con lo que no me pudiese poner al tanto después, pero de verdad me molestaba pensar que ya había comenzado las clases sin asistir.

Veo entonces la posibilidad de asistir a la siguiente de las clases que habría ese día, el cuál sería a las 5 PM. Pienso como posibilidad el no asistir directamente y tomarme un día más de descanso, que ya podría aprovechar con mi novia.

En ese momento desperté. Dato curioso número 2: durante toda la mañana me dolió la espalda terriblemente. xD

Soy un zorrinito de espalda contracturada.

Sueño 26/02/07 – Mano cybernética

Hoy soñé despierto (sí, se puede) que sufría un accidente de laburo y me era completamente destruida la mano derecha.

Por tal razón, apenas salido del hospital comienzo a buscar prótesis, y recuerdo que dado que la pérdida de mi mano me entorpecía tremendamente la escritura en teclado (puedo teclear casi sin problemas exclusivamente con la mano derecha, pero no con la izquierda), procedí a grabar un mensaje explicando mi situación con la grabadora de sonidos de Windows y tras subirlo a un hosting, repartí un mensaje generalizado a los foros, para que alguno se solidarizara conmigo y me informara qué conocimiento tenían de esas prótesis de alta tecnología que permiten ser controladas con impulsos nerviosos.

Tiempo después, en Outlandz, alguien (no recuerdo exactamente quien, creo que Parricida) me pone en contacto con un conocido suyo que era médico en Estados Unidos.

Tiempo después, ya se habían hecho trámites de financiación para tan cara tecnología, yo lo estaría pagando como a unos 20 años o algo así… la operación comienza y tras un par de horas de cirugía, uno de los médicos me pregunta:

“Sos impresionable?”
“Hmmm… no..”
“Bueno, mirá.”

Entonces quita la cortina que me tapaba la operación y veo la mitad de mi mano destrozada (curiosidad: era mi mano izquierda en ese entonces), con todo su contenido (huesos, tendones, etc), y como de a poco la van anexando a la mano cybernética.

“Mové el dedo anular” me dice.

Yo hago el esfuerzo de moverlo y veo como se mueve, pero no siento que se mueva… a lo que el tipo me dice:

“Bueno, ahora te vamos a conectar los sensores de tacto.”

Y enchufa un cablecito que estaba suelto entre todo ese mecanismo, y yo entro a sentir un dolor fuertísimo, tanto como si me estuvieran cortando la mano al medio, pero ese sentimiento no se detuviera nunca.

“Paraaaaaaaaaaaaaaaa, sacaloooooooo” le grito

El tipo lo desenchufa nuevamente y me dice
“Puede ser un poco sensible al principio”
“Pero no sé si puedo acostumbrarme a eso” le dije yo.


Volví a la realidad.

Soy un zorrinito diestro. :(