No sería la primera vez que sueño con un capítulo de Futurama, incluso aunque hace tiempo que no veo un sólo episodio. Aún así, creo que en este caso, si fueran a cancelar la serie de forma definitiva, es un final que considero interesante.

El capítulo no tenía el mismo tono ni animación que los capítulos de Futurama generalmente tienen. Se veía ligeramente más tosco y de alguna forma parecía tener un ambiente lúgubre, que los chistes no lograban recuperar completamente. Después de todo, era un fin de temporada, donde cancelarían la serie como tantas veces lo han hecho.

El grupo se separaba en una misión fallida, Fry, Hermes, Leela y Amy quedaban varados en el espacio y los demás encontraban su camino de vuelta a la Tierra. Finalmente el grupo del espacio caía a un planeta muy particular, pero ya habiendo pasado los años sin haber podido encontrarlos, el resto del grupo los consideraba muertos y continuaban con sus vidas. Planet Express dejaba de existir, y teníamos pequeños vistazos de los distintos miembros en sus nuevas vidas. Entre ellas, el Profesor Fansworth había vuelto a la Universidad de Marte a dar clases y el Doctor Zoidberg se volvía su ayudante de cátedra. La tristeza seguía en su corazón, lo que le había impedido continuar con su genio inventivo, decidiendo solo limitarse a la enseñanza como su único método de subsistencia.

El capítulo siempre volvía al profesor y a proyecciones 3D de las lecciones que estaba dando. Hablaba de biología alien, y cada lección exponía un hecho que era totalmente creíble bajo los preceptos de la biología actual. No había chistes, y su voz era terriblemente apagada y lenta. Los alumnos no interrumpían, pero tampoco se los veía en el episodio. ¿Quizá el profesor estaría sólo? ¿Quizá notaban su tono depresivo y tenían miedo a lo que podría responder? El profesor continaba sus lecciones, hablaba sobre mecanismos inmunes de la biología alien, cómo algunas especies eran incompatibles, y cómo otras desaparecieron por enfermedades causadas ante la diversidad cultural de la galaxia.

Fry, Leela, Hermes y Amy habían finalmente caído en un plaeta que los tomó por huéspedes. Naturalmente, comenzaron a buscar la forma en la que podían volver a casa, pero este planeta tenía una particularidad: parecía estar compuesto de materia viva en su totalidad, y había rastros de tecnología avanzada, pero ningún ser corpóreo individual se veía en él. El planeta no estaba en ninguno de los mapas que Leela recordaba, y Hermes contaba sobre una leyenda que podría tratarse de él. La leyenda contaba de un planeta que estaba vivo y se tragaba a quienes llegaban a él, y que se movía en el espacio según su voluntad, y por eso no lo encontraban nunca, algunos incluso dudando su existencia.

Esto no cambiaba la decisión de volver a la Tierra en nada, sino que, al contrario, la enfatizaba más aún.

Pasaban los meses. En la universidad de Marte, el profesor Fansworth explicaba que algunas especies se reproducían sin la necesidad de intercambio de material genético, sino que voluntariamente proveían un paquete de información pre-genética que codificaba los rasgos que dicha criatura consideraba que debería ser parte de su descendencia. Una cantidad arbitraria de otros seres combinarían sus paquetes de información genética con él, que sólo sería fértil y maduraría cuando el conjunto de características fueran suficiente para la producción de nuevo material genético.

Para el grupo, explorar el planeta se volvía más y más incómodo, hasta que llegaron a una ciudad, como un signo de esperanza. La ciudad no tenía edificios, pero claramente existían construcciones dispuestas al desarrollo de tecnología. Laboratorios. Tras continuar investigando, Hermes cae en un hueco y el suelo mismo, con forma de músculo circular (una boca sin labios) comienza a succionarlo. El resto del equipo hace lo posible por recuperarlo, pero eventualmente el piso gana la batalla, y Hermes desaparece.

En la universidad de Marte, el profesor explica que la fuerza muscular no se encontraba totalmente determinada por la tensión de las células orgánicas. Muchas especies habían desarrollado mecanismos que les permitían hacer uso propio de las leyes físicas para generar reacciones a nivel subatómico, pudiendo así interactuar con la materia de una forma intrínsecamente íntima, que le daría a estas especies la posibilidad de manipulación de objetos y locomoción sin movimiento muscular. Muchos lo denominaron telekinesis, pero este era un término ampliamente discutido por la comunidad científica.

Meses pasan y el grupo perdido no ha podido recuperar a Hermes, ya se encuentran cansados, débiles y están perdiendo las esperanzas. En todo este tiempo se siguen alimentando de partes del suelo orgánico, que no les provee una buena salud, sino sólo dolores gástricos e incomodidad, pero es definitivamente nutritivo suficiente como para sobrevivir. Aún así, esta no es calidad de vida. Consideran el suicidio, Amy siendo quién está proponiéndolo, Leela sin dar opinión, dudosa, y Fry opiniéndose, diciendo que lo último que hay que perder son las esperenzas. Al fin y al cabo, era él quién había dado su vida por terminada cuando fue congelado mil años para encontrar a quienes serían su nueva familia y una vida que lo haría feliz. Si cosas tan drásticas e improbables podian ocurrir que cambiarían su vida para bien, ¿por qué no ahora algo ocurriría que los quitara de esta situación? Amy y Leela se veían conmovidas, pero claramente Amy no estaba convencida aún de que algo bueno ocurriría. Las sombras los cubren por un segundo y son emboscados.

En la universidad de Marte el profesor, entre suspiros, expone que algunas especies poseían un centro de regeneración, en donde se encontraba todo su material genético. El cuerpo producía allí las células que serían parte de su cuerpo y estaría rodeado de una estructura superfuerte y microporosa que permitiría generar cuerpos de tamaños colosales que la vida terráquea o marciana nunca pudo generar. El cuerpo de estas criaturas crecía de adentro hacia afuera y podía regenerarse ante daños graves en la parte exterior, dando una amplia resistencia a entornos hostiles.

Emboscados, atrapados y peleando por escapar, Amy, Leela y Fry se encontraban antre una serie de robots que tenían una pequeña pantallita azul con lo que parecía ser un boceto digital con la cara de Hermes. La voz de cualquiera de ellos era una voz muy similar a la de Hermes y su acento se notaba claramente, pero definitivamente no era él quién hablaba. Los robots les explicaban que serían asimilados. Tras quejas, preguntas y respuestas, los robots explican que el planeta se encontraba vivo y era un ser único, inteligente, con múltiples conciencias compartiendo un mismo cuerpo, producto de un organismo tan masivo y biológicamente complejo. Estas conciencias habían trabajado millones de años en lograr la corporeidad individual, pero sus experimentos siempre fallaban por la falta de material genético que poseían. Podían manipular objetos cerca de su superficie, y podían lograr que el planeta mismo se moviera, con lo que había visitado distintos rincones de distintas galaxias buscando hacer crecer vida en él, pero nunca había sido satisfactorio. Ahora que ellos se encontraban ahí, podría asimilarlos y finalmente generar su propia vida, y permitir crecer cuerpos individuales para sus conciencias una vez que los hubiera asimilado.

Hermes había sido ya asimilado, y había disparado la revolución tecnológica que el planeta esperaba: qué forma debía tener una criatura que interactuara con la gravedad de un planeta. Cómo moverse sobre él, cómo comunicarse. El primer robot había sido una copia de Hermes, semi-cyborg, y siendo exitoso, varios otros lo acompañaron como copias idénticas. El plan se encontraba ya en marcha, y asimilar a ellos como nuevos organismos permitirían diversidad e interacción competitiva (opuesta a la cooperativa), algo que aún no existía entre ellos.

El proceso comienza y entre gritos y pedidos de auxilio, la escena se apaga.

Muchos años más tarde, en la universidad de Marte el profesor está dando sus clases sentado y su tono se escucha cansado. La edad claramente está haciendo un efecto en él ahora y su falta de motivación lo ha hecho decaer aún más. Explica que algunas especies pueden actuar como curadores de otras, al comparttir material genético, anticuerpos y células. Según las combinaciones de las biologías existían muchos resultados posibles, y por eso muchas especies no podían interactuar con otras, mientras que por otro lado muchas especies habían sido beneficiosas para otras. Como las biologías eran particularmente distintas en su base, evolucionarían de forma distinta a lo largo de los milenios y era necesario que la civilización detectara mutaciones que resultarían perjudiciales a las comunidades, así creando los Centros de Control de la Evolución. Estos centro monitoreaban en los planetas que se encontraban y las cercanías por mutaciones en individuos de una especie que, aunque beneficioso para ellos resultaba en daño a otras especies. Se planteaban alternativas de colonización para que las nuevas características fueran aisladas, o removidas, según la decisión lo requiriera.

En el planeta perdido, una civilización se ve presente ahora. Aún todos son robots con la misma forma y con la cara de Hermes, pero se ven ciudades metálicas y se escucha música clásica. Robots iban y volvían, todos idénticos el uno al otro, excepto tres que estaban juntos. Uno tenía una coleta púrpura detrás de su cabeza, otro un cabello anaranjado, y otro cabello corto, oscuro. Eran claramente Leela, Fry y Amy. Habiendo perdido ya la mayor parte de sus cuerpos, hablaban con la voz sintética de Hermes. Decían que la asimilación ya estaba por terminar, y sentían cómo estaban perdiendo su humanidad para ser un robot más. El planeta luego haría lo que le complaciera con su material genético, pero ellos estaban por desaparecer. El robot con cabello de Amy daba una respuesta genérica que todos los otros robots daban y se iba a pasear. Amy ya estaba perdida.

Fry y Leela quedaban en silencio. Comenzaban a hacerse gestos, y el capítulo mostraba un subtítulo para su comunicación. Se sentían avergonzados de la voz y de quienes eran, y esta era la única forma en la que todavía podían expresar algo de lo que pensaban. Fry estaba perdiendo sus esperanzas. Leela decía que preferiría morir antes que perder las esperanzas, y Fry respondía que entonces sí estaba listo, y quería ahora morir junto a ella. Entre los signos, todo lo que se escuchaba ahora era la música clásica mientras ellos tenían este intercambio lúgubre, en sus últimos rastros de conciencia.

Leela destrozaba la cubierta de su pecho de robot, descubriendo un cuerpo que ahora era una masa naranjosa, amebosa, de material genético. Fry hacía lo mismo, y ambos esperaban que la exposición a los elementos finalmente los matara. Parte de esa masa salplicaba en un punto común, y se veía cómo la ligeramente más clara de Fry comenzaba a crecer mientras la de Leela hervía en ella. Era claro lo que ahora pasaba: la nueva biología de Leela podía recomponer la nueva biología de Fry, pero Leela no sobreviviría. Ellos también habían visto algunas clases del profesor.

Sólo se escuchaba la música clásica de fondo, voces de soprano de ópera tapaban el tenso ambiente. Destrozar sus placas ya había afectado a los cuerpos, no podían hablar o moverse, y sólo dirigían los rostros dibujados de Hermes, inexpresivos entre ellos. Fry miraba a Leela, implícitamente él sabía que ella tenía algo en mente, pero él no estaba de acuerdo. Ella lo mira fijamente a los ojos, y con dolor y esfuerzo sobrehumano lleva su mano derecha al corazón, y luego la gira para apuntarla hacia él. No había subtítulos esta vez, pero no eran necesarios. Los espectadores sabíamos que Leela se estaba despidiendo, y que sus últimas palabras eran “Te amo.”

La música alcanzaba un clímax, los gritos de la soprano llenaban el ambiente, dando a la escena una grotesca valerosidad épica, de muerte y vida, de amor y pérdida. Ningún otro sonido se escuchaba, ninguna voz, sólo la música y las notas fuertes que el canto alcanzaba. Leela arrancaba completamente su parte frontal, así pudiendo entonces desmontar todas las partes metálicas que la cubrían. Era ahora una ameba naranja con un ojo cícople y cabello púrpura. Se dejó caer sobre Fry, quién no pudo moverse para atraparla. Cuandos sus cuerpos se tocaron, Fry comenzó a generar una piel en su cuerpo expuesto, y Leela comenzó a hervir.

La música seguía dramáticamente como lo único que podía escucharse. La escena sólo mostraba a un Fry inexpresivo mirando a Leela, tirada en el suelo frente a él retorciéndose mudamente de dolor. Fry estaba de a poco volviendo a generar un cuerpo bajo las partes metálicas, y Leela estaba hirviendo en sus propios jugos, perdiendo incluso la poca forma que tenía. Su ojo se deintegraba con todo lo demás, de a poco convirtiéndose en un charco de burbujas gangrenosas, quemándose en lo que pronto dejaría de estar vivo.

Se veía el rostro de Fry con la cara inexpresiva de robot de Hermes, mirando hacia abajo.

La escena se cortaba y en silencio, sólo se veía un planeta naranja, del cual ahora Fry, con un cuerpo humano aunque demacrado y casi anciano, se alejaba de él en una precaria nave espacial. Se veía determinación y odio en su rostro callado, y claramente los años habían pasado para él también. Detrás suyo, el planeta comenzaba a cambiar de color y a retorcerse, aparentemente en dolor. Fry se alejaba en algún rumbo, que según esperaba, lo condujera a la Tierra. No decía ninguna palabra, pero los espectadores sabíamos que él, gracias a Leela, había sobrevivido, había obtenido su venganza y encontrado su camino fuera de allí.