Alpha's Manifesto

A black and white figure's thought-hive

Anécdota: Clases para sentir

Aprendiendo a ser humanos

Burning

Cuando uno entra en el ámbito de la educación sabe que muchas cosas son planeadas y diseñadas a drede para que lo siguiente pueda ocurrir. Muchas otras veces, se trata de la audacia del educador, de realmente dejar de lado lo que estaba planeado para mejorar las vidas de sus estudiantes. Estoy casi seguro que este fue uno de esos últimos casos.

(Read more →)

La confianza por el equipo

El manual de Nick Fury para coordinar equipos

Cuando escribí mi review de la película Avengers mencioné lo siguiente:

Nick Fury es el coordinador de ese movimiento [Avengers defendiendo al mundo], y con su actitud de badass se encarga de dejar claro qué es lo que estamos enfrentando y qué es lo que él está dispuesto a hacer.

De hecho, ese último punto me gusta mucho y lo usaré como referencia luego. Se nota mucho como él, creyendo en su grupo a pesar de las deficiencias del mismo, pone en peligro mucho de su persona y de su carrera personal para permitirles hacer lo suyo. Ya habrá otro post sobre eso.

Esta parte de la película (no se preocupen, no arruinaré la trama) me trajo una anécdota muy interesante y algo que quiero destacar sobre la forma en la que MakingSense busca hacer su trabajo. En esta historia, el Consejo (autoridad) no creía que los Avengers fueran la solución y deciden hacerlos de lado, haciendo caso omiso de las recomendaciones de Nick Fury y sus palabras de esperanza. Cuando ellos, de forma determinante, deciden que el grupo de Nick no tiene nada que hacer, él deja todo de lado. A riesgo de perder su carrera, ser acusado de traición y hacer fracasar toda la operación, él toma un lanzacohetes y elimina un avión del Consejo.

¿Qué mejor forma de demostrar que tenemos confianza en nuestro equipo que tomar un lanzacohetes y defender al equipo, arriesgando todo?

(Read more →)

La belleza entra por los ojos

Una historia real

Una muy bonita anécdota que tenemos para contar cómo nuestro trabajo en User Experience comienza a dar sus frutos es una historia que a César le gusta contar, específicamente por la fuerza que esta historia tiene.

La historia comienza con MakingSense trabajando en una propuesta para un cliente nuevo. Siendo nuevos en nuestras tratativas con esta empresa (una empresa con altos estándares de seguridad), queremos realmente mostrar lo mejor que tenemos. La aplicación que debíamos realizar era desafiante desde el concepto que trataba, porque involucraba mucha seguridad, muchas tecnologías nuevas y muchas características que ayudan al usuario pero hacen difícil de congeniar con las anteriormente mencionadas. Nuestros arquitectos trabajaron en resolver ese problema pero las propuestas siempre resultaron más concretas cuando se puede ver el resultado final.

Entonces también se invirtió mucho en la zona de User Experience de esta propuesta. Sabrán ustedes que estamos haciendo presión sobre este tema últimamente (y si andan leyendo por aquí, seguramente lo habrán notado). Creemos que el UX es un factor de valor agregado, creemos que cuando todo lo demás está bien hecho, este marca una diferencia increíble.

De vuelta en la historia, el equipo de MakingSense trabajó en hacer un buen pre-diseño de user experience, lo que involucraba el desarrollo de flujos de usuario, screenshots de cómo podría llegar a verse el producto, muchos mockups y pequeños prototipos que nunca vieron la luz, pruebas de concepto, etc. Cuando uno trabaja para un proyecto que no es proyecto aún, sabe que está en riesgo. Sabe que si no se concreta la oportunidad, fue tiempo y dinero perdido.

El día de la propuesta se acercaba y las gotitas de sudor iban siendo más comunes en la frente de los involucrados. Se hizo muchisimo hincapié en esos screenshots, se cuidó hasta el ultimo detalle, se hicieron varias rondas del desarrollo del UI (interaction design, wireframes, IA) hasta llegar al diseño final con el que se estaba listo para presentar.

Finalmente, el día llegó.

César asistió a esa reunión en donde nos presentábamos de manera formal con nuestro cliente (aunque ya había habido tratativas informales anteriormente) y pusimos el proyecto sobre la mesa. Se explicó por qué MakingSense era apropiado para hacer el proyecto, se explicó qué teníamos en mente para solucionar su problema, y se mostraban algunas pantallas que ejemplificaban cómo podría haber quedado el sistema terminado.

En ese momento de la reunión la tensión subió. El arquitecto que pertenecía al cliente interrumpió la conversación, dijo “Esperen”, y se fue de la habitación. En menos de dos minutos estaba de vuelta con alguien más, y lo presentó como el CEO de la empresa.

“Quiero que él vea lo que ustedes pensaron”, nos explicó. “Estas pantallas son más de lo que teníamos en mente, definitivamente queremos que esto se vea así, y que de ahora en adelante, todo lo que hagamos sea así.”

Traduciendo la experiencia, ellos sabían lo que querían que el sistema haga. No sabían la diferencia que se podía hacer con UX, no sabían que se podía brindar una experiencia totalmente nueva y agradable, especialmente cuando los sistemas tienen muchos requerimientos de seguridad, o cuando la complejidad son los árboles que no dejan ver el bosque.

La propuesta se convirtió en proyecto y el cliente se convirtió en partner, y hemos trabajado juntos para lograr maravillosos productos.

Anécdota: Belleza de la destrucción

"¿No es hermoso?"

Hoy me levanté con ganas de contar anécdotas, y hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre esto así que el momento se dio oportuno. Disfruten de la historia, seguramente vendrán más como esta en el futuro. PM, si estás leyendo esto, gracias por la maravillosa anécdota y las enseñanzas.


El profesor de arte

Hace varios años ya, cuando yo estaba en secundaria, durante un año tuvimos una clase sobre Arte Contemporáneo (para ser sincero, no recuerdo el nombre exacto de la materia, pero era algo sobre arte). La materia debía de ser una especie de introducción a los artes en general aunque nuestra orientación particular era sobre ciencias naturales. Un poco de balance apropiado.

El primer día de dicha materia, sin mucha gloria apareció el profesor, a quien yo ya conocía de otro ámbito más personal. Esta persona, si bien yo ya tenía mis ideas privadas sobre su personalidad y su profesionalidad, ciertamente no era un artista (¿o lo era?). Ciertamente nos demostraría luego que tenía muy buenas habilidades para el discurso y para abordar el tema.

Adelantando un poco los meses, ya había pasado más de la mitad del año, y estamos situados en Septiembre. Específicamente, en Septiembre del 2001. Como muchos sabrán, ese mes, y específicamente, el 11 de Septiembre, fue un día algo preocupante para todos los que viéramos las noticias. Estados Unidos había sufrido un ataque terrorista que había derribado las torres del World Trade Center, utilizando aviones como armas. Muchas vidas se perdieron y mucha gente se sintió asustada de qué vendría luego. Esto ocurrió un Martes, un Martes 11 muy inusual.

El shock post-tragedia

El siguiente Viernes, si mal no recuerdo, tocaba un rato de nuestra clase de arte. Como en este caso la clase era más corta, no teníamos receso desde la clase anterior. El profesor entró directamente al aula y dejó sus cosas sobre la mesa. Nadie lo saludó ni él saludó a nadie. Venía muy concentrado en algo. Revolvió su maletín y sacó un periódico, extendiéndolo y mostrándolo a toda la clase.

El silencio nos invadió.

El periódico mostraba una primera plana, en página completa del ataque del 11 de Septiembre. Específicamente, la página era una fotografía a color de una torre con el segundo avión estrellándose, mientras la nube de humo negra del primero seguía saliendo y oscureciendo el cielo. Los pensamientos y recuerdos morbosos nos hacían pensar que incluso mirando en detalle podría verse gente que estaba saltando para evitar la embestida del segundo avión. La parte inferior de la foto tenía algunas letras blancas como título, que se destacaban entre el azul oscuro de los vidrios de la torre y el nefasto humo que subía al cielo.

Nadie sabía qué decir. El profesor rompió el silencio.

— Díganme… ¿no es hermoso?

Si antes estábamos mudos, ahora estábamos en shock. Él pareció darse cuenta de haber dicho algo terriblemente equivocado, pero hizo una corrección sin retractarse.

— Ya sé que es algo trágico, pero dejemos eso de lado un momento. ¿No es majestuosa esta imagen? ¿No los impacta? Esto es arte.

La discusión comenzó y mis recuerdos se vuelven más difusos al respecto, pero en esas tres o cuatro frases había grandes enseñanzas. Estuviéramos de acuerdo o no, nadie podía negar que la imagen era impactante, y que nadie podía sentirse indiferente. A todos nos producía un sentimiento, fuera el que fuera. A todos nos movía por dentro, a todos nos afectaba. No conocíamos a nadie que estuviera en las torres, quizá algunos conocieran gente que vivía en Estados Unidos, la gran mayoria no. Ya habíamos visto las noticias, ya habíamos escuchado sobre conspiraciones, ya habíamos escuchado relatos de víctimas, sobrevivientes por suerte y quienes nunca tuvieron nada que ver.

Pero aún así, la imagen gritaba más fuerte que cualquiera de nosotros.

El resto de la clase careció de importancia. Todo lo que tenía que ser dicho fue resumido en esos cortos momentos.