Sabemos que medir numéricamente la calidad de cierto código no es nada fácil, tratesé del lenguaje que se trate. Siempre hay muchos factores que no afectan en nada a lo funcional, pero que sí afectan a qué tan legible es el código, qué tan mantenible es, y qué tanto puede evolucionar de forma “grácil” sin ser un peso para el futuro de los programadores.

HTML y CSS son un caso particular, porque a diferencia de otros lenguajes, no son lenguajes de programación, pero sí se hacen aplicaciones con ellos. Alguna vez alguien me dijo que sí deberían considerarse lenguajes de programación porque aunque no fueran instrucciones, de alguna forma estábamos trabajando con datos, su procesamiento, y su salida… pero esa es otra historia.

Al momento de medir la calidad de estos lenguajes, existe un problema extra: ya no hay funcionalidad que medir, sólo el código en sí (porque no tienen interacción directa como un lenguaje que se ejecuta). Entonces el desafío se pone más interesante. Google ha atacado este problema y ha escrito sobre como validar y trackear la calidad del código de sus páginas. El artículo en sí no es ni extenso ni detallado, pero despierta algunas ideas que pueden ser útiles para profundizar en este tema. Un punto muy importante es, cualquiera sea el criterio que se tome, trackearlo. De esa forma podemos ver si hay mejora o no… o si el criterio realmente nos dice algo o no.

Soy un zorrinito de calidad.