Estaba preparando un mega-post de tips y consejos de cómo creo que puede mejorarse algo esencial de nuestra vida cotidiana: la comunicación. El post original se hizo terriblemente largo por lo que decidí mejor hacer varias entregas. No soy un experto pero creo que estos consejos pueden ser útiles de todos modos — y es una excusa para escuchar el feedback que ustedes tengan. Acepto ideas, sugerencias y críticas.

Hoy hablaremos sobre las palabras clave en una conversación y por qué son, justamente, claves.

Introducción

Hace mucho tiempo me crucé con un artículo (el cual se perdió entre los años) sobre por qué las mujeres deberían tener parejas geek. Considerándome un geek yo mismo me pregunté “¿qué atributo de ser geek me hace automáticamente deseable?”, y fuera de la incredulidad y la curiosidad, lo leí. La mayoría de las razones resultaban ser una parodia algo simpáticas de las tendencias geek como los intereses raros o la minuciosidad casi obsesiva con detalles, pero una de esas razones quedó vagando en mi mente.

Esta razón en particular hablaba de cómo la mujer podría hablarle a su pareja durante horas pero su geek sólo se activaría ante la presencia de palabras claves que llamaran la atención. Este artículo lo llamaba el filtro geek. Cosas como “computadora”, “teléfono” eran obvios detonantes. El chiste terminaba ahí y el artículo continuaba con otras razones.

En mi mente, esta idea siguió su rumbo: ¿acaso no todos funcionamos así? Tras una conversación larga sólo cuatro o cinco palabras claves son las que nos atrapan a una completa situación de atención. Cosas que nos interesan y aunque muestra mente se aleje de la conversación, estas palabras nos traerán de vuelta.

Las palabras clave

Esas palabras (o frases también) que generan una respuesta instantánea, o una respuesta emocional, son aquellas que deberíamos usar al tener una conversación, sea por el medio que sea. Estas son las palabras que, consciente o  inconscientemente, nuestro interlocutor está buscando para llegar al punto y entender qué le estamos diciendo.

Para quién no me crea tengo el ejemplo perfecto que me demuestra en lo correcto: el nombre. Sí, tu nombre, querido lector. En una conversación, mencionar tu nombre hará que tus distracciones desaparezcan. Dale Cargenie decía que el nombre de alguien es para esa persona, el sonido más dulce e importante que podía pronunciarse en cualquier lenguaje. Tu área, tu pasión, o cosas similares tendrán un efecto parecido.

¿Qué quiere escuchar tu interlocutor? ¿Es un hombre de negocios? Entonces habla de números y monedas. ¿Es una persona de ciencia? Entonces habla de lo correcto y la tecnología involucrada.

Para bien y para mal

Ahora, esto es un arma de doble filo, porque podemos también decir palabras que disparen respuestas adversas a nuestro objetivo. Por ejemplo, al responder a un pedido con “No” en lugar de “Disculpa, pero realmente no puedo comprometerme a eso.” es mucho más directo, conciso y claro, pero conlleva un mensaje muy negativo consigo. Haciendo que la frase sea intercambiada por otra, o quitandole fuerza a estas palabras claves nos permite tener más certeza sobre la forma en la que serán recibidas.

Por lo general los insultos son de este tipo de palabras, pero dependiendo del contexto, puede ser muy útil usarlas para expresar énfasis y llamar la atención de quién nos escuche o lea. Aunque si no tenemos la confianza necesaria como para expresarnos de esa forma, seguramente estemos cometiendo una equivocación.

Conclusión

Usa las palabras correctas que llamen la atención del interlocutor.

Referencias